La Virgen de los Desamparados, Patrona de la Real Hermandad del Santo Cáliz Cuerpo de la Nobleza Valenciana.

La advocación mariana de Virgen de los Desamparados aparece vinculada a las tierras valencianas desde principios del siglo XV. Su origen está relacionado con la constitución del hospital siquiátrico de Santa María de los Inocentes, fundado por el padre Jofré (1409), y de la cofradía del mismo nombre (1414), organismos que -en un principio unidos, e independientes al final del siglo- tuvieron intensa influencia en la vida religiosa y social valenciana, propiciando la difusión del culto a la Virgen.

En 1493, el rey Fernando el Católico otorgó a dicha cofradía el título de Santa María de los Desamparados. Durante el siglo XVI se popularizó la devoción a la Virgen entre los ciudadanos de Valencia y se establecieron cofradías semejantes en diversas poblaciones del Reino de Valencia. En 1603 se trasladó la imagen desde el hospital a la capilla de la Catedral.

En las Cortes celebradas por Felipe IV en Valencia (1626), y a petición de los brazos eclesiástico, militar y real, la Cofrada dispuso de limosneros por todo el Reino. En 1640, por primera vez, y a petición del Rey, la imagen salió en procesión general; con este acto quedó fijado el ritual para las ceremonias de rogativas que se sucedieron a lo largo del siglo por diversos motivos. En el siglo XVIII se produjeron frecuentes manifestaciones artísticas con la imagen de la Virgen. En 1882 se proclamó Patrona de la ciudad de Valencia a la Virgen de los Desamparados. El 28 de Diciembre de 1917, se aprueban las Constituciones y se funda la Hermandad del Santo Cáliz, Cuerpo Colegiado de la Nobleza titulada valenciana, bajo la protección de Nuestra Señora de los Desamparados y de San Francisco de Borja. El 12 de Mayo de 1923 se celebró en la misma ciudad el acto de la Coronación Canónica de la imagen, por iniciativa del Cardenal valenciano Enrique Reig Casanova, con asistencia del rey Alfonso XIII, quien concede a la Hermandad del Santo Cáliz, la categoría de REAL. En 1961 se produjo la solemne proclamación canónica de su patronazgo sobre toda la Región Valenciana.

Tras la fundación del Hospital y de la Cofradía, dichas entidades pidieron a Alfonso el Magnánimo la autorización para construir una imagen de la Virgen titular que debía tener como complemento las imágenes de dos niños Inocentes. Con el fin de que la escultura pudiera acomodarse sobre los féretros en las ceremonias de entierro de náufragos, ajusticiados y otros “desamparados”, o simplemente devotos (según las costumbres de la época), se escogió una imagen de tamaño natural, de dorso plano y escaso peso, con la cabeza inclinada lo suficiente para que descansara sobre un almohadón (origen de la actual denominación popular de “la Geperudeta”); el primitivo carácter yacente de la imagen se ve confirmado por el sentido horizontal que tienen los ropajes en los caracteres escultóricos hoy ocultos. En su mano derecha se le puso un ramo de azucenas, y en la izquierda el Niño Jesús con una cruz de madera sobre los hombros. Cuando no se utilizaba en los ritos funerarios, en las solemnidades religiosas o en actos importantes de la Cofradía, la imagen aparecía en posición vertical; en este caso, para ocultar su dorso plano, se le cubría de un dosel o un manto de seda. Esta costumbre ha dado origen al manto bordado con que se reviste la imagen en la actualidad.

Construida con material ligero, y a causa de los continuos traslados a que estaba sometida, necesitó pronto importantes restauraciones: en 1443 se encarnaron de nuevo los rostros de la Virgen y del Niño; en 1460 se le puso una diadema de estrellas, se construyó un soporte para llevar erguida la imagen en las fiestas de la Concepción; en 1473 el pintor Juan Guillem encarnó de nuevo la imagen. En 1464 se puso a la Virgen el manto de seda, posteriormente bordado en oro, que cobijaba las esculturas de los dos niños Inocentes que al principio estaban de pie y se acoplaban al ropaje de la Virgen, y que, entrada la segunda mitad del siglo XVIII, fueron reemplazados por dos Inocentes arrodillados, obra del escultor Ignacio Vergara. En el siglo XVII el rostro de la Virgen fue enmarcado por un capillo de tela blanca, guarnecido por una hilera de perlas ocultó definitivamente el pelo dorado de la escultura- sobre la que descansaba la corona; el Niño Jesús fue vestido de gorguera y gramalla. Más tarde ocultaron el busto de la imagen con un rico tejido, a modo de amplio collar, en el que se fijaron numerosas alhajas ofrecidas por los devotos, y sustituyeron el capillo por la larga y rizada cabellera negra que aún conserva; a consecuencia de una restauración que se efectuó para elevar la mano derecha de la Virgen, hubo de instalarse un armazón que sujetaba dicha mano, lo que obligó a cubrir por completo de telas el delantero de la imagen, ocultando sus caracteres escultóricos. Para evitar que la imagen principal de la Virgen de los Desamparados se deteriorara en sus frecuentes salidas en fiestas, rogativas y otros actos religiosos, el Cabildo catedralicio -de acuerdo con la Cofrada- decidió en 1701 encargar la construcción de una imagen, copia de la original, al escultor alemán Conrado Rudolf, que formaba parte del séquito del archiduque Carlos; esta imagen presidió desde principios del siglo XVIII la procesión anual y muchas rogativas, hasta 1936 en que fue destruida. Para sustituirla, tras la guerra civil de 1936-1939, la Junta de la Cofrada, encargó al escultor Carmelo Vicent la construcción de una nueva, que figuró por primera vez en 1945, y que aún se utiliza actualmente como imagen procesional, conocida popularmente con el nombre de “La Virgen peregrina”.

El segundo domingo de mayo de cada año se celebra el llamado “Día de la Mare de Deu”. Aunque la fiesta litúrgica es la víspera (el sábado), el pontifical, el traslado y la procesión se celebran el domingo; a partir de 1911 se comenzó a construir, anualmente, un retablo de flores en la plaza de la Virgen de Valencia. Otros actos destacables, especialmente dedicados a la Virgen de los Desamparados en Valencia son: la Ofrenda de Flores que viene celebrándose desde 1943, el 18 de marzo de cada año, con motivo de las fiestas de San José; y la ofrenda de los niños que se celebra todos los sábados en la Real Basílica de la Virgen, a cuya restauración en 1999 contribuyó modestamente la Real Hermandad del Santo Cáliz.

La devoción del pueblo valenciano a su Virgen ha traspasado fronteras y se manifiesta en el famoso traslado multitudinario, procesión y múltiples actos en su honor, como las visitas diarias a rezarle una Salve en su Basílica y ofrenda de velas encendidas, que para la salida del humo se ha tenido que habilitar chimeneas especiales.

La Real Hermandad del Santo Cáliz, Cuerpo de la Nobleza Valenciana, sigue fiel a su Patrona, como reza en las primeras Constituciones: “Nuestra Señora de los Desamparados”.